No te voy a dar una clase. Ni siquiera soy científica. Solo soy una girlie que un día empezó a leer sobre física cuántica porque alguien lo mencionó en un podcast y me quedé con el gusanito.
Y lo que encontré me cambió cómo entiendo mi realidad. Así que te lo cuento como me lo contaron a mí — sin términos raros, sin examen al final.
El momento que me voló la cabeza
Leí algo que decía que las partículas subatómicas — los bloques más pequeños de los que estás hecha tú, yo, esta silla, todo — se comportan diferente dependiendo de si alguien las está observando o no.
O sea. Literal. Cuando nadie las mira, se comportan de una manera. Cuando las observan, cambian.
Y yo me quedé así: perdón, ¿qué?
Porque eso significa que la atención no es pasiva. La atención hace algo. La atención crea.
Lo que eso me hizo pensar sobre mi vida
Pensé en todas las veces que me la pasé enfocada en lo que no tenía. En lo que me faltaba. En lo que podría salir mal. En el miedo.
Y si la atención es creadora — si a lo que le pongo energía, crece — entonces yo había estado construyendo justo lo que no quería, sin darme cuenta.
No desde la culpa. No es "todo es tu culpa porque no vibrabas bien." Eso no lo compro. La vida es compleja y hay cosas que no podemos controlar.
Pero sí hay algo que puedo controlar: a qué le estoy poniendo mi atención.
La parte de la frecuencia que sí tiene sentido
También leí que todo — absolutamente todo — vibra a cierta frecuencia. Las emociones incluidas. El miedo tiene una frecuencia. La gratitud tiene otra. El amor tiene otra.
Y que cuando tus emociones están en cierta frecuencia, te vuelves como una antena que atrae cosas que vibran similar.
Esto suena muy "good vibes only" y entiendo el ojo que pongas. Pero yo lo pienso así: cuando estás en un día pésimo, todo sale mal — se te cae el café, llegas tarde, te pelas con alguien. Y cuando estás en un buen día, todo fluye. ¿Coincidencia? Tal vez. ¿O tal vez estás emitiendo algo diferente?
Lo que cambié en mi día a día
No hice nada radical. Solo empecé a notarme más. A preguntarme: ¿en qué estoy pensando ahora mismo? ¿Esto me acerca a lo que quiero o me aleja?
Y empecé a practicar sentir — de verdad sentir, no solo pensar — cómo se sentiría tener lo que quiero. No como fantasía. Como entrenamiento emocional.
Porque si la realidad colapsa según lo que observas y lo que emites — más vale que lo que estés observando y emitiendo sea lo que quieres.
¿Me funciona al 100%? No. ¿Ha cambiado mi relación conmigo misma y con lo que creo que es posible? Absolutamente sí.
Si te pica la curiosidad, empieza por Breaking the Habit of Being Yourself de Joe Dispenza. Prometo que no necesitas saber física para entenderlo. 🕊️
