Tengo una historia complicada con el ejercicio.

Durante años lo usé para castigarme. Para compensar. Para controlar algo que sentía que estaba fuera de control. El ejercicio era una transacción — me porté mal, voy al gym. Me comí algo que no debía, corro más.

No era bienestar. Era penitencia con ropa deportiva.

Cuando empecé a sanar mi relación con mi cuerpo, tuve que reaprender para qué sirve el movimiento. Y en ese proceso encontré Lagree.

Qué es Lagree

Lagree es un método de entrenamiento que se hace en una máquina llamada Megaformer — piensa en un Pilates reformer pero más intenso, más lento, y más exigente.

El principio central: movimientos extremadamente lentos bajo tensión constante. Sin descanso entre ejercicios. Sin momentum. Solo tú y el control de tu cuerpo.

Suena simple. Es mortal — de la mejor manera posible.

Por qué no es como ningún otro ejercicio que he probado

En la mayoría de los entrenamientos, puedes desconectarte. Pones música, piensas en tus pendientes, vas en automático.

En Lagree no puedes.

Porque el movimiento es tan lento y tan preciso que si te desconectas aunque sea tres segundos, pierdes la forma, pierdes la tensión, pierdes todo el beneficio del ejercicio.

Lagree te obliga a estar presente. No en el sentido inspiracional. En el sentido literal.

Lo que descubrí sobre mi mente en una clase de Lagree

La primera vez que tomé una clase me di cuenta de algo incómodo: no sabía estar en mi cuerpo.

Podía pensar sobre mi cuerpo. Podía observarlo. Podía juzgarlo. Pero habitarlo — sentirlo desde adentro, moverlo con intención, escuchar lo que necesitaba — no sabía hacer eso.

Lagree me enseñó a conectarme.

Hay algo que pasa cuando tienes que sostener una posición durante 90 segundos y tu mente entra en pánico queriendo soltar todo — pero tu cuerpo todavía puede. Ahí es cuando empiezas a entender qué es rendirte por miedo y qué es parar porque de verdad ya fue. Son cosas muy distintas. Y Lagree te lo enseña rápido.

Esa distinción la empecé a aplicar en otras áreas de mi vida.

Ah — y el temblor. You gotta feel the shake. Ese momento en que tus músculos literalmente tiemblan de tensión y no sabes si reír o llorar... es el sentimiento más delicioso y una tortura al mismo tiempo. Si algún día vas y lo pruebas — me cuentas cómo te fue. If you know, you know. 🫨

Los beneficios físicos

Después de tres semanas noté cambios en mi postura que años de gym no habían logrado.

La parte que nadie menciona

Lagree me hizo sentir orgullosa de mi cuerpo por lo que puede hacer — no por cómo se ve.

Eso es nuevo para mí.

Terminar una clase sabiendo que sostuve cada posición, que no me rendí cuando quería hacerlo, que mi cuerpo hizo algo difícil — ese orgullo es diferente al de "hoy me ví bien en el espejo." Es un orgullo que no depende de nadie más. No depende de cómo me veo. Depende de lo que soy capaz.

Y eso — para alguien con mi historia — es enorme.

Una cosa que llevo del estudio a mi vida

Cuando algo se pone difícil — en una clase, en una conversación, en un proyecto — me pregunto:

¿Estoy parando porque me lastima o porque me incomoda?

Si es incomodidad: sigo. Si es daño: paro.

Lagree me enseñó esa distinción. Y la uso todos los días.

Christeena Malo es la fundadora de CHRÉA. CHRÉA Wellness es un espacio honesto sobre movimiento, nutrición y bienestar — sin perfeccionismo ni cultura de castigo.
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